El Vignemale y el glaciar d’Ossoue, una de las rutas más completas del Pirineo francés.

Aquí os cuento cómo fue mi experiencia en la ascensión a uno de los tresmiles más bonitos del pirineo.

No es la primera vez que hacía alta montaña, pero sí que es verdad que ya hacía muchos años de la subida a la famosa brecha de Rolando. Sin duda recomiendo ir a la montaña siempre con personas que saben, yo siempre me he apuntado con mi hermana y mi cuñado, y con ellos me siento segura (aunque suene un poco a anuncio de TV).

Dejamos la furgoneta en el Barrage d’Ossue que se accede desde Gavarnie. Comenzamos la ascensión bordeando la presa por la derecha hasta que cruzamos el puente de madera que se encuentra en medio del precioso valle.

El agua del río estaba congelada ya que llega del Glaciar d’Ossoue. Durante el camino nos encontramos varios sarrios y marmotas que disfrutaban de su libertad y tuvimos la suerte de verlos desde poco metros.

Pasamos por varios neveros, siempre con cuidado que no se abran y en zona con agua no resbalar…

Como queríamos hacer la ascensión al Vignemale de buena mañana, decidimos montar la tienda en uno de los vivac que se encontraban enfrente de las Grutas de Bellevue (Podéis apreciar en la foto dos cuevas en la misma piedra de la montaña), más adelante os cuento quién mandó construirlas.

A pocos metros se encuentra la bifurcación para ir al Refugio de Baysellance que son unos 30 minutos más, pero nosotros habíamos llamado previamente y ya nos habían avisado que estaba completo.

La verdad que como hacía buen tiempo la opción de dormir bajo las estrellas literalmente fue un gran acierto. Soy una gran enamorada de los amaneceres en la playa pero ver el amanecer en plena montaña fue una experiencia maravillosa.

Desayunamos unos sobres de muesli de Decathlon que solo debes añadir agua y estaban buenísimos, sobre todo te dan energía y pesa poco, no tengo la foto, pero os enseño otro sobre que nos llevamos para comer de pasta boloñesa que llevan queso incluido… y realmente está buenísimo… no sé si porque teníamos hambre pero me parece muy buena opción cuando te vas a la montaña.

Ya había llegado el día… y nos pusimos en marcha hacia el glaciar para empezar la ruta y conquistar la ansiada cima del Vignemale!

Subimos hasta la base del glaciar y vimos que también habían varios vivacs un poco más arriba, os los recomendaría porque se veían más planos y despejados que los que estaban cerca de las grutas.

Antes de empezar el glaciar nos preparamos, nos pusimos los crampones y cambiamos los palos de andar por el piolet. Como yo no suelo utilizarlos cada año, y además es sitio que te ocupa si no los necesitas habitualmente, seguí las recomendaciones y alquilé los crampones y el piolet en una tienda de Valencia (Aventura Giménez).

El glaciar me parecía inmenso y desde que empezamos no se veía la cima, llevábamos más de 10kg en la mochila y nos aconsejaron dejar los bultos en alguna roca para subir sin tanto peso por lo que cogimos lo imprescindible para empezar la subida por el glaciar.

Cuando llegamos al Vignemale, nos quitamos los crampones y empezamos la escalada. Muy importante llevar el casco porque en algún momento de la subida hay piedras que se desprenden. Yo la verdad que iba segura con mi hermana y mi cuñado que son muy montañeros, tenía mucho respeto y cuando alcancé la cima y ví la inmensidad de las montañas entendí porque les gusta tanto, es una satisfacción lograrlo y poder ver semejante paisaje. Pero tengo que decir que yo que soy muy de sacar el móvil y hacer mil fotos, la verdad que allá arriba no me atrevía ni a moverme, al principio me costó superar que estábamos a 3298 metros!

Cuando estábamos en los pies de la montaña por un momento se me pasó por la cabeza no subir, ya que no hago escalada habitualmente, pero mi cuñado me dijo que ya que estaba ahí tenía que hacerlo sino me iba a arrepentir toda la vida, y es verdad, lo más importante es tener confianza en uno mismo, pero siempre te ayuda también tener cerca a personas que te conocen, saben que lo puedes conseguir y te apoyan. Una buena metáfora como en la vida, ahh y muy importante no ponerse nervioso, paso a paso vas encontrando el camino hasta la cima, tu objetivo.

Pero tengo que destacar en este punto que la auténtica campeona fue mi sobrina que con tan solo 11 años había aguantado todo el glaciar y la subida a la cima ella sola. Sin duda todos los que nos cruzábamos la felicitaban, y no es para menos! Aunque también hay que decir que no es una temeridad de sus padres, ya que desde que nació prácticamente suele ir a la montaña y ya había subido otras cimas como Monteperdido o el Mulhacén.

Bueno, y ahora viene el momento de bajar…. si te planteas subir porque no sabes si podrás… es peor cuando estás arriba y piensas que la bajada es imposible… porque aquí no puedes hacer otra cosa que bajar, aunque sea el reto más difícil de tu vida.

Bueno, también te planteas lo de llamar al helicóptero para que te rescate, pero solo por la vergüenza de todo lo que habría que movilizar…. y también el coste que tendría… lo más lógico era respirar y no pensar mucho, no había otra opción.

Esta vez nos encordamos todos y fuimos bajando poco a poco. Habíamos bajado unos 18 metros y nos encontramos la Gruta Paradís, la última de las 7 cuevas que mandó hacer el Conde Rusell en 1893. Un aristócrata francés que se enamoró del pico más alto del pirineo francés, el Vignemale, y para poder estar largas estancias allí e incluso invitar a sus amigos y montar fiestas en plena montaña mandó construir estas cuevas.

La vuelta a la furgo, aunque estábamos cansados, siempre es más ligera ya que vas pensando en los pequeños placeres que te vas a conceder… como una ducha, dormir en un colchón… y nuestro tradicional homenaje: chuletón y vino tinto…. 😉

Todo el mundo debería ir a la montaña alguna vez, salir de su zona de confort y ponerse a prueba. Disfrutar en plena naturaleza, hacer el ejercicio de llevar solo lo imprescindible (porque sabes que cuanto más te pese la mochila, más te va a costar) y te das cuenta de lo poco que necesitas, estás sin cobertura y desconectas del mundo frenético en el que vivimos lleno de emails, llamadas, mensajes… y solo tienes que respirar… que no es poco.

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